MIGUEL MIRRA


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FILMOGRAFÍA

Entre 1982 y 1984, varios cortometrajes documentales

1984 ‑ Sin Confirmación ‑ Mediometraje
1985 ‑ La Máscara de la Conquista ‑ Largometraje de ficción
1987 ‑ Hombres de Barro – Largometraje documental
1989 ‑ Laberinto ‑ Miniserie (en Bolivia).
1990 ‑ Después del Último Tren – Largometraje de ficción
1992 ‑ Crónica de un Extraño – Largometraje de reconstrucción documental
1993 ‑ Como el Barro ‑ Unitario televisivo
1994 ‑ El Pasaporte ‑ Largometraje para televisión
1996 - Pozo de Zorro - Largometraje de ficción
1997 - 2001 - Talleres documentales en barrios y provincias
2002 - Tierra y Asfalto - Largometraje documental
2003 - En riesgo - Documental - institucional
2005 - ¡Que viva Gualeguaychú! – Documental
2006 - Los últimos – Largometraje de ficción
2007 - Programa Los Documentalistas - Trece capítulos para
2008 - Las venas vacías – Documental
2008 - La plaza de los Collas - Documental
2009 - La última palabra - Documental
2009 - Las ojos cerrados de América Latina - Largometraje documental
2010 - Adolfo Pérez Esquivel - Largometraje documental
2010 - Lejos de Casa – Largometraje de ficción documental
2011 - Tierra de mujeres - Largometraje documental
2011 - De artistas y de locos - Largometraje documental
2011 - Resistencia en Cerro Chato - Informe documental ambiental
2011 - Los fotógrafos por ellos mismos - Producción documental
2012 - En defensa de la tierra - Informe documental social
2012 - Darío Santillán, la dignidad rebelde - Largometraje documental
2013 - Cantata de la tierra nuestra - Largometraje de ficción documental
2013 - Norita, Nora Cortiñas – Largometraje documental
2014 - Los ojos abiertos de América Latina – Largometraje documental

ÚLTIMOS DOCUMENTALES

2015 - El Documental en Movimiento, memoria y balance del Movimiento de Documentalistas - Largometraje.

2015 - Esa mirada, mujeres documentalistas - Largometraje (como Productor).

2015 - Tierra y Asfalto, re-edición especial de homenaje a Eulogio Frites. - Largometraje.

2016 - La Cooperativa - Largometraje.
Junto a la Unión solidaria de Trabajadores.

2017 - Autogestión - Largometraje documental

2018 - Agroecología. Tiempo de Labranza - Largometraje documental

2018 - Eduardo Pavlovsky. Resisti Cholo - Largometraje documental

2019 - La búsqueda - Largometraje documental

MÁS INFORMACIÓN

  • LIBRO: TOMAR LA PALABRA
  • LIBRO: EL DOCUMENTAL EN MOVIMIENTO
  • CANAL 22 - TVLIBRE
  • MIGUEL MIRRA Y TVLIBRE
  • MIGUEL MIRRA - BLOG ANTERIOR

TEXTOS Y ENSAYOS DE MIGUEL MIRRA

  • MIGUEL MIRRA Y EL CINE DE FICCIÓN
  • LOS DOCUMENTALISTAS Y LOS MOVIMIENTOS SOCIALES

HUELLAS


Todos sabemos que los documentalistas somos unos pocos, entre los millones de oprimidos. Pero también debemos saber que tenemos una misión que cumplir. Una misión nada prescindible. ¿Conocen las pinturas de la Cueva de las Manos? Ese, me parece, es el mejor ejemplo de cuál puede ser nuestra función. Más allá de quienes seamos cada uno, todos y cada uno tenemos que dejar las huellas entrelazadas de nuestras manos en fondo de la caverna oscura. Entonces, esas serán las huellas de todos, no sólo las de cada uno, no sólo las de los documentalistas, sino las de todos. Pero para eso, al igual que los pintores del río Pinturas, podemos ser cada uno un par de manos que dejen sus huellas propias e irrepetibles pero, por sobre todo, tenemos que ser un conjunto de manos que dejen un tejido entrelazado de huellas que hablen por todos, no solo por nosotros, sino por todos.

¿Saben qué? Yo sólo puedo hablar por mi, pero junto con ustedes, puedo hablar por todos. Junto con todos. Entonces el trabajo documental pasa a transformarse en el trabajo de todos y cada uno, atravesado por una autoría a la vez individual y colectiva. Un entretejido donde cada hebra existe por si, pero entre todas hacen la manta que nos abriga del invierno.

Se acabaron, entonces, las pretensiones de estrellato, porque la única estrella pasa a ser la intrincada huella colectiva que construimos entre todos. Se acabaron también las disputas de cartel o marquesina. Nadie buscará dejar su huella más arriba que las de los otros, sino más entrelazada.

Y se acabaron los mercenarios y los funcionarios: no se puede dejar huellas con las manos enguantadas. Pídanme que me despelleje las manos tratando de dejar mi huella junto con sus huellas, pero no me pidan que me ponga guantes.

Miguel Mirra, 20 de Diciembre de 2001.

MIGUEL MIRRA, TRABAJADOR DE LA MIRADA

por Jorge Falcone

Entre la posibilidad de hacer un análisis académico de la obra cinematográfica de Miguel Mirra y la de referirme brevemente a la trayectoria de un amigo, colega, y compañero en las lides de testimoniar la realidad con una cámara, he preferido acometer esta última opción.

La primera vez que detecté su nombre fue en 1986, durante el 8º Festival Internacional de Cine Latinoamericano y del Caribe en la Habana. Allí vi un cartel que anunciaba el que luego supe fue una de sus trabajos primerizos, “La Máscara de la Conquista”. Y confieso que me hizo sentir orgulloso de mi país ver algunas de las fotos promocionales, en que se advertía a los conquistadores españoles desembarcando con espadas y banderolas en las costas de nuestro continente. Fue entonces cuando comencé a cuestionarme de dónde aparecía este autor tan misterioso, del que no tenía noticias mi cinefilia. Poco después, una compañera de militancia me invitó a ver “Hombres de Barro”, si no me equivoco, en el cine Losuar.

Y en 1990, una colega actriz me habló de él y me mostró fotos del rodaje de “Después del último tren”. Por entonces yo ya amasaba la peregrina idea de abordar documentalmente la obra del filósofo Rodolfo Kusch. A esa altura comencé a sospechar que entre Mirra y yo existían pasiones comunes. Quién podía aventurar que sería la rebelión popular de diciembre 2001 la que meses después me lo sentaría enfrente en el porteño Bar La Academia, para considerar mi ingreso al Movimiento de Documentalistas que el hombre venía cocinando a fuego lento desde 1996. Pero quién era al fin y al cabo aquel realizador tan personal y tan intermitente para quienes durante mucho tiempo supusimos que el único cine importante se estrenaba los jueves…

Tuve que caminar a su lado durante ocho años para entenderlo. Cuando comparó el legado de los documentalistas con las manos en la pared de la caverna. Cuando afirmó que “yo sólo puedo hablar por mí, pero con ustedes me animo a hablar por todos”. Cuando marchamos por Darío y Maxi y aclaró “hoy no venimos a poner la cámara, venimos a poner el cuerpo”. Cuando ensayó un Canal de TV Comunitaria en un barrio de La Matanza. Cuando organizó festivales tricontinentales de cine documental en la India, Sudáfrica, o Caracas sin pedirle limosna a nadie. Cuando lo escuché preocupado por la vacante de una Hora de los Hornos del Siglo XXI. Cuando lo veo estrenar Los Ojos Cerrados de América Latina mucho antes que el Cte. Hugo Chávez Frías elevara sideralmente la venta de la obra de Eduardo Galeano que Miguel homenajea en este filme (que además regala a las asambleas socioambientales autoconvocadas) Entonces concluí que este hombre no es otra cosa que un laburante de Lanús que se la banca. Un enemigo acérrimo del posibilismo que vive sacando conejos de la galera en una época en la que ya nadie espera hallar un perol de oro al final del arco iris. Algunos familiares de detenidos-desaparecidos durante la dictadura hemos corrido el riesgo del fanfarroneo con nuestro ausente: Miguel lleva un hermano asesinado por la burocracia sindical en el rincón más envidiable de su discreción. Yo reconozco en el temperamento de este cineasta y amigo los valores más caros de nuestro pueblo.

Miguel viene amasando hace décadas un cine minimalista y austero como los sujetos sociales que refleja. Quien ve sus documentales puede suponer que le basta con el mero testimonio contundente. Pero a quien se asome a sus ficciones realizadas, como “Los últimos” no le costará enfrentar un desborde de sutilezas en el miedo heroico de esos pibes refugiados en un “pozo de zorro”, allá en Malvinas. Lo propio ocurrirá con quien disfrute la lectura de “La Revolución”, cuando acceda al silencio gestual del patriota colonial confinado, en un contrapunto con el del militante setentista clandestino, matizado por la escueta pero rotunda intervención de esa vieja india sabia, capaz de afirmar que “El agua no se niega ni se vende. Como el alma, como la tierra”. Me atrevo a sostener que el tono narrativo de Miguel Mirra no es el del intelectual que se afana por salir en esa foto que garantiza la posteridad. Por eso su trabajo se acerca a lo más genuino del arte popular. Allí donde el creador se hace acreedor a la visionaria profecía de Don Atahualpa Yupanqui: “Tendrás tu recompensa al final del viaje. Llegarás a ser lo anónimo. Pero ninguna tumba encerrará tu canto”.-


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